LAS CICATRICES DEL TIEMPO

     Cuando Diego entro agachándose por la puerta de la cueva, yo ya estaba allí, en la jarapa del suelo, en esa postura romana medio tumbado medio sentado de lado. Tenía mi pipa encendida y el aire de la cueva tenia aquel olorcillo dulzon, aquel olorcillo que parecía casi poder comerse. Diego levanto la cabeza a modo de saludo a lo que  respondí de igual manera, aprovechando para exhalar una bocanada de denso humo de pipa.

Diego, aun un poco agachado a pesar de que la altura de la cueva era de unos tres metros, se dirigió al fondo, abrió el cajón de una especie de mesita de noche y saco la botella de Jack Daniels y dos vasos. Lleno los dos vasos con bourbon, dejo la botella encima de la mesa, junto a varios relojes antiguos, los tres relojes de mi abuelo, le decía yo, todos tenían su propia historia, dos historias alegres y una triste. Me ofreció uno de los vasos y brindamos, yo aun semitumbado, el sentado apoyando la espalda en la húmeda roca.

         ¿Del tirón?- buff, cuantas veces le habría oído decir aquello.

         ¡Del tirón, compadre!- mi misma respuesta de siempre.

 

Apuramos nuestros vasos y los dos, casi al unísono, hicimos la típica mueca que te produce el alcohol de buena graduación. Diego se seco la boca con el revés del brazo y me dijo:

         Esta a punto de caer el sol, vamos a verlo.

         Claro- cuando me incorpore note un leve mareo, vaya, y solo llevaba un lingotazo de bourbon.

         Espera, llenemos los vasos.

         Claro- le ofrecí el mío mientras pensaba que Diego iba un poco lanzado ese día, muy pronto estaríamos achispados si bebíamos a ese ritmo del viejo tío Jack.

 

Salimos con nuestros vasos llenos y nos dirigimos a “la roca del beso”, así habíamos bautizado de crios aquel lugar, la roca desde la que se veía el mejor atardecer de todo el Cabo, la roca en la que cualquier chica, por muy pudorosa que fuese, tendría que poner muchísimo de su parte para no dejarse besar, para no sucumbir a los encantos de una puesta de sol sacada de la imaginación de un artista, de un poeta. Lo cierto es que muy pocas chicas habían disfrutado de aquel escondite, era un lugar reservado a lo autentico, incluso el amor debía ser autentico.

Como a un kilómetro y medio en dirección levante se encontraba “la roca del poseído”. Aquella roca era sin lugar a dudas el mejor amanecer del Cabo, que yo supiese solo una chica la había visto, por desgracia para mi, no fue una chica mía. Para conocer aquella roca la chica, no solo debería haber pasado la noche en la cueva, sino que por la mañana, al amanecer, tendrías que sentir por ella el mismo amor que cuando la besaste la noche anterior. ¿Habrías poseído a la chica, o ella te habría poseído a ti?, de ahí el nombre, que por supuesto no le pusimos siendo tan crios. Diego me había contado, torpemente, como había sido ver un amanecer con una mujer allí, sentir como a la vez que algo había nacido en el, el día nacía para ellos. Siempre considere a mi compadre  un “jodido afortunado”  desde ese día. No se porque, todo el mundo tenia la costumbre de pensar que yo era el afortunado con las mujeres, si, yo tenia cierta suerte con ellas, pero ninguna mereció, o yo no merecía, ver aquel impresionante amanecer reflejándose en los ojos de una mujer a la que amas.

Con estos pensamientos me entristecí un poco, así que apure mi vaso mientras el sol  se escondía en el horizonte lentamente.

Como siempre, ninguno dijo nada, sobraban las palabras, sencillamente mirábamos al horizonte mientras la brisa marina nos refrescaba el rostro, le ofrecí mi pipa a Diego y ambos fumamos tranquilamente.

 

     De vuelta a la cueva, mientras yo encendía el candil y le añadía un poco de aceite de canela, Diego volvió a llenar los vasos, la botella ya estaba casi vacía.

         Compadre, vas un pelin rapidito ¿no?- el candil ya iluminaba toda la cueva, ya se notaba un poco el olor de la canela.

         ¿Cuánto hace que vinimos a la cueva por ultima vez?- me ofreció otro vaso lleno hasta el borde del tío Jack.

         Mas de un año, bueno, ya sabes…….cuando te lo pedí- di un trago al vaso, mas de medio vaso para ser exactos.

         Pues eso, que vamos a pillar una buena, que “una vez al año….- sonrió, mejor aun, me hizo sonreír a mi.

 

Hacerme sonreír después de pensar en lo que había pasado hace un año no era fácil, pero mi compadre siempre supo hacerme sonreír, mas por sus gestos que por lo que decía en si. ¡Que diablos! Tenía razón, beberemos hasta que uno de los dos convenza al otro de que las sirenas existen. Volví a sonreír con mi propio pensamiento ¿o seria que el bourbon ya empezaba a hacer su efecto?

 

     Dos horas después, la cueva estaba cargada de un azulado humo, ya había tres botellas de Jack Daniels vacías encima de la mesita, acompañando como parejitas a los tres relojes. Parejitas muy altas pardiez. ¿Pardiez? Sin duda ahora si hablaba mas el tío Jack que yo.

Habíamos hablado sobre mi trabajo, sobre el suyo. Diego siempre parecía reprocharme que yo tuviese un trabajo cojonudamente cojonudo. Y era cierto, pero también lo era que me me lo había ganado a pulso durante 18 años. Habíamos hablado, como no, de mujeres, de aventuras e incluso de fútbol. Pero en ese momento estábamos enfrascados en una de aquellas conversaciones que solo tienes cuando tu sangre ya podría servir de combustible de mechero.

         ¿Te acuerdas de la primera vez que saltamos?- Puso esa expresión tan cachonda, agrandando los ojos al máximo para expresar el miedo que sentimos.

         Si, jajaja, no se veía nada en el fondo, no se como no nos matamos.- Dios, la primera vez que hicimos “el salto”, saltar de una roca a unos veinte metros del agua, lo hicimos totalmente a ciegas, si las rocas del fondo hubiesen estado un poco menos profundas, la cueva jamás se habría descubierto, estaríamos muertos o en silla de ruedas, de ninguna de las dos maneras habríamos descubierto “la cueva del pirata”.

 

Entonces Diego se remango un poco la camisa y me enseño una cicatriz con forma de media luna, justo un poco por encima de la muñeca.

         ¿Te acuerdas como me hice esto?- Se toco la cicatriz, que parecía media moneda.

         Si, aquella morena te tenía ganas, que pena que fuese un pez ¿no?- bromee.

 

Una morena le mordió en una de nuestras tardes de buceo. Le tuvieron que dar 14 puntos.

         ¡La muy cabrona! Hasta que no arranco cacho no paro, vamos casi como mi mujer.

 

Nos reímos a carcajadas, a mi se me escapo un poco de bourbon de la boca, lo que nos hizo reír aun mas.

Estire mi camiseta por el cuello, me deje un hombro al aire y le enseñe una de mis cicatrices.

         ¿Qué me dices? 18 puntos, aquella jodida piedra me podría haber roto la cabeza, no he vuelto a saltar de pua, jajaja.- En mi hombro una línea recta de color un poco mas blanco que el resto de la piel. Saltar de cabeza no había sido buena idea.

         ¡Coño! A lo mejor te hubiese venido bien, igual se te hubiese encajado el tornillo que tienes suelto en el cerebro- que guasa tenia mi compadre.

 

Diego dio otro trago a su vaso, ya casi en las últimas, se levanto la camiseta, se giro un poco tambaleante y me enseño su costado izquierdo.

         ¿Ehhhh? 20 puntos- se volvió a sentar, ya no aguantaba derecho.

         Si, tío. ¿Quién iba a pensar que una cría de marrajo tenia aquella dentadura?

 

Las crías de marrajo, uno de los pocos tiburones del Cabo, normalmente no atacaban, eso si, tenían la fea costumbre de salir de las sombras de los barcos. Ver a un tiburón, por muy manso que fuese, salir de la sombra de un barco, te dejaba tieso, tieso de miedo. Pero aquel día, la cría de marrajo reacciono mal, salio de la sombra de aquel yate y no siguió su camino, no, conforme pasaba al lado de Diego le mordió en un movimiento tan rápido, que solo la sangre que apareció a su alrededor nos hizo pensar que no solo le había rozado.

Me levante, me baje los pantalones hasta las rodillas y señale mi muslo.

         ¡24 puntos, chaval!- A la luz del candil aun se veía mas fea mi cicatriz. Atravesaba el muslo a lo largo, un poco en diagonal.

         ¿Te dije o no te dije que no entraras en el barco hundido?- si, si que me lo dijo.

 

Un pequeño pesquero hundido en la costa, un boquete en la proa, ¿Cómo me iba a resistir? Claro, que no pensé que lo que hubiese dentro, solo tendría una salida, aquel pequeño boquete. Solo acababa de entrar cuando una tollina salio disparada, desde la oscuridad de las entrañas del barco, hacia mi. No había suficiente hueco para los dos, así que a pesar, estoy seguro, de que no me quiso hacer daño, su aleta corto mi muslo como una pequeña cuchilla de afeitar, y fue un corte profundo, como de medio centímetro. Aquel día se acabo la expedición al barco hundido, Diego no sabia que yo había vuelto dos semanas después, con una linterna acuática y la sal picándome aun en los puntos. Una bombilla enorme, que hacia de decoración en la cueva, fue el único botín que saque del pesquero hundido, bueno, una bombilla enorme y demostrarme a mi mismo que era capaz de volver a entrar, de demostrarme que los piratas superamos los miedos.

 

Diego entonces se bajo los pantalones, se bajo los slips, se levanto el pene y me dijo:

         ¡3 puntos colega!- a lo chicho terremoto, con tres dedos apuntándome, marcando un triple.

 

No pude evitarlo, escupí todo el Jack Daniels que tenia en la boca, salio disparado, tosí, me atragante, reía como un autentico borracho.

         Vasectomía, la bruja de mi mujer- se le puso la cara roja de tanto reír.

         O te cortas la cañita o te apañas con la manita- No se ni como lo pude decir entre carcajada y carcajada.              

 

Nos retorcíamos de la risa, tambaleantes, recostados, pero con esos movimientos que hacen los borrachos que parece que se caen pero no. Reímos un buen rato, a gusto, a carcajada limpia.

Nos fuimos calmando poco a poco, pero tardamos un buen rato, cuando parecían apagarse las risas, volvían…….. “la bruja de mi mujer”.

Al final nos quedamos callados un momento, y entonces, levante mi camiseta otra vez, con el dedo me señale en el pecho, justo encima de donde esta mi corazón, intente poner voz solemne, pero ya gangoseaba por culpa de Jack, me acerque un poco a el y apretando mi dedo contra mi pecho hasta que quedo una marquita blanca, me confesé:

 

Aquí, justo aquí debajo…. ella me rompió el corazón.

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2 respuestas a LAS CICATRICES DEL TIEMPO

  1. Pasión por las Mariposas dijo:

    Hola Piratilla guauuuuuuuuuuuuuuuuuu preciosa esta entrada  ,felicidades  me encanto  y las fotos son cantida de bonitas ,Bueno cielo como ves  yo si me acuerdo de ti y te visito  pero tu q ehhhhhhhh ? ya note acuerdas de las viejas amigas  me cachissssssss q borde  me a salio este piratilla jajaajjajjajajaj BUENO CARIÑO FELIZ JUEVES Y A DESFRUTAR  DE  ESA LUNA LLENA  MMMMMMMMMMMMM q da  amor  muuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuask  mil besotes  haber cuando me visitas  malajeee jajaaajja q una servidora te echa de menso y no vale escusas  jajajajjajajaajchao muaskkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkk.

  2. lily dijo:

    beautiful pictures…
    But I don\’t know your language….sigh…

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