VALENTE ITINERANTE

     EL DIOS Y EL MAR 

 

Aun llovía, las gotas resbalaban por el cristal de la ventana que había a su derecha, se quedo mirando un instante una gota zigzagueante, le encantaba la lluvia, le gustaría que ella pudiese verla, pero no quería despertarla. La miro un momento y sus ojos brillaron con solo contemplarla, durmiendo, los ojos cerrados, las mejillas sonrojadas, la respiración lenta y pausada. Continuo leyendo:

 

                  “El dios y el mar. Y mas allá, los dioses

                    y los mares. Siempre. Como las aguas

                    besan las arenas y tan solo se alejan

                    para volver, regreso a tu cintura, a tus

                    labios mojados por el tiempo, a la luz

                    de tu piel que el viento bajo de la tarde

                    enciende.”

 

     Paro un momento de leer, dejo el libro que tenia en las manos en la mesita de noche, junto a la butaca, se incorporo y toco su frente. Aun estaba muy caliente, a el incluso se le erizo un poco el bello de la mano, mas de pensar en la fiebre que ella tenia que del propio contraste de aquella piel hirviente.

Ella abrió los ojos, un poco solamente, de sus labios agrietados y resecos por la fiebre salio un hilito de voz:

 

         ¿Desde cuando estas aquí?- se notaba que tenia que esforzarse para hablar.

         Desde siempre, princesa– le sonrió.

         ¿Me estabas leyendo algo? Me parecía que soñaba con una playa, una playa limpia, cristalina, y que las nubes jugueteaban con el horizonte.- ahora era ella la que sonreía, el se alegro, hacia mucho que no la veía sonreír y su sonrisa siempre le movía las mariposas del alma.

         Si, te leía algunos retazos de Valente, supuse que te gustarían, durmieses o no. Y ya sabes, yo siempre tiro para la tierra.

 

Ella volvió a cerrar los ojos, sus mejillas estaban muy rosadas por el calor corporal, el no pudo evitar rozarlas un poco con los dedos, acariciarlas, mejillas de princesa, de ángel.

Volvió a su butaca, cogio el libro, lo abrió por la pagina marcada con una postal del arrecife de las sirenas a modo de separador. Justo cuando iba a continuar recitando el poema, con mas cariño que profesionalidad, con mas corazón que sapiencia, pero bueno, ella siempre había dicho que le gustaba su voz, justo en ese instante su mente fue hacia atrás en el tiempo….

…ella llevaba enferma ¿meses?, tal vez años, salía y entraba de aquellos sueños que casi rozaban el coma. La medicación que le administraban había hecho que engordase, bastante, mucho, las bolsas de debajo de sus ojos eran ahora muy acentuadas y sus labios estaban siempre agrietados, secos. Algunas de las veces que se despertaba lo miraba con extrañeza, se miraba a si misma y acababa preguntándole.

         ¿Por qué sigues aquí? Santo Dios, estoy gordísima, huelo a sudor, seguro que tengo un aspecto horrible.

         No digas tonterías princesa, sigues siendo una preciosidad y hueles a nubes que traen lluvia.

 

Ella siempre se conformaba con aquella respuesta, unas veces tardaba mas, otras menos, pero siempre la aceptaba, el no mentía, ella lo acababa viendo en sus ojos, acababa viendo que el la miraba como si fuese una princesa, un ángel… un sueño.

Lo que ella no llegaba a ver era que el hubiese querido estar aun mas tiempo allí, junto a ella, que le gustaría no tener que trabajar, incluso no tener que dormir. No le importaban sus kilitos demás, sus ojeras, su constante estado febril, sus largos, larguisimos sueños, le importaba ella, y el era feliz junto a ella, así de simple, casi se podría decir que el estar junto a ella era un simple acto de egoísmo, la quería y no se le ocurría mejor sitio que estar que allí. Además, cuando ella abría los ojos, cuando le decía algo, cuando alguna que otra vez sonreía, eran momentos que el bebía, saboreaba como si de oasis en el desierto se tratasen.

Salio de su enfrascamiento, metió su mano por debajo de las sabanas buscando la de ella, la cogio suavemente, bajo las vista al libro que aun continuaba abierto entre sus piernas, se aclaro un poco la garganta con un leve carraspeo y continuo leyendo

 

                “Territorio, tu cuerpo. El descenso afilado

                 de la piedra hacia el mar, del  cabo hacia

                 las aguas. Y el vacío de todo…”

 

Ella apretó un poco su mano y abrió los ojos.

         ¿Desde cuando estas ahí?

         Desde siempre princesa.

 

 

 

 

Y como os dije, despues a ver a los "4 Bombones con hielo" en el Tijuana

 

 

 

 

 

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